Fernando Schweitzer, Buenos Aires - Actor No-TELEFEsino, Director Teatral, Cantante, Escritor y Periodista
Feo, pobre, sin fama y aun sincero. Me re contra cagaron. Hoy existe una máxima brutal para el éxito en las relaciones amorosas, mejor dicho, para lograr tener una relación. La inversión de valores de la sociedad actual hace con que el estereotipo clásico del ser exitoso en el rol afectivo no sea lo que las películas cuentan. Ser bueno, joder, ¿para qué? Romántico, uh, te re contra fuiste. Así comienza la tragedia de un pobre romántico a vivir en una sociedad histérica en tiempos modernos.
Domingo, nada más depresivo que eso cuando no se tiene una pareja. Las paredes le hablaban como se fueran los inquisidores de una trampa cruel del destino. Un ordenador y el vacío que sentía eran sus compañeros en está rara noche de primavera. El frío que hacía no era habitual para la época, y se traspasaba hasta sus huesos, y inebriaban su alma.
¿Qué se puede hacer en un domingo? Pregunta que muchos buscan la respuesta. Nuestro infante tardío fue aturdido por un llamado en el chat de facebook. ¿Quién más le podría hablar en un domingo a las 8:00h de la noche? La frase era la típica de un ser egoísta y quizás inocente de su egoísmo: “Mi padre me peleó, me trató súper mal... ¿Te puedo ver?”.
Lo que es la soledad, ¿no? El silencio de la espera. Ese por venir de algo fabuloso, que nunca va a pasar. Su respuesta fue: “Puede ser... ¿Qué estáis haciendo?”. Que en verdad quería decir, que bueno que alguien recuerda que yo existo. Estos dos almas entonces resolvieron encontrarse. Lo propuesto por nuestro solitario fue una ida al cine. Nada más, ni nada menos que eso.
Los segundos de ansiedad hasta el encuentro se hiciera que un corto lapso de tiempo se sintiera como días. En verdad, fueron días sin ver a ese ex amor que de alguna forma rara le hace mover las pupilas involuntariamente, patinar las piernas, mocar a los dientes. Al saludarse, casi se provoco un beso no intencional, ambos dicen la obvia frase: “¿Como estás?”, entrecortándose una mirada de complicidad.
Al caminar por estrechas calles vacías, se cogen por la cintura, a miradas curiosas y envidiosas de transeúntes. La noche transcurrió de maravilla, durante el film un recostar de cabeza en el hombro, le pareció una señal de que todo eso era un sueño. Que las diferencias se aplastaban, que podría ser que por fin que... Surgiría un beso, después otro... Del cine a comer, a los que pasaban veían a una pareja. La despedida se dio a las cinco y pico.
Todo sería perfecto si en el miércoles al reencontrarse con la persona perfecta del domingo, no se constatase que esta fuera bipolar y porteña, y al salieren a una disco siquiera le quisiera besar. Entretanto le decía que siempre la pasaba genial con él. Sin embargo, en seguida le afirmara que no podrían estar nunca en pareja, que por ser una persona muy complicada, eso era imposible. Las frases cursis y típicas del ámbito del histerismo cayeron como la vértice certera de que realmente, los como él no son lo que la gente valora y busca en la actualidad en nuestra polémica y histérica ciudad.