jueves, 8 de septiembre de 2011

Pido la palabra, por primera vez.

Pido perdón de antemano, porque la prosa no es mi fuerte, entre los versos me suelo mover mejor, puedo hallarme completo.

Y quiero agradecer solo por el hecho de empezar a leer, se que en este mundo a las corridas, pararse a leer a un desconocido, es una locura, si ni siquiera se lee a los grandes maestros, leer hasta aquí, es un hecho de agradecimiento inmenso, ante usted, mi lector.

Primero que nada, me quiero desahogar con una frase, que va en contra de alguien al que respeto mucho o por lo menos es, una contradicción a una metáfora que utilizo. “Dios, no está muerto”.

Como podría ser, si lo veo en todo y todos, como podría ser si lo siento en cada cosa de este mundo maravilloso, que es un paraíso. Si, un paraíso. No, no estoy bajo ningún tipo de alucinógeno, todo lo contrario, veo el mundo de la manera que lo vio la gente que lo transformó para que pueda ser un mundo todavía habitable, lleno de maravillas. Puedo ver al mundo tal cual es, de esta manera no veo la bomba que hace más ruido que una caricia, sino las miles de caricias que silenciosamente construyen la vida.

Mi pensamiento, fue forjado, por eso llevo el nombre de un forjador, de un herrero. Alguien que al igual que yo, día a día forjo un arma, que como siempre tratara de iluminar. Ya diría Fernando, “Y que brille la verdad, como una espada vengadora, que en mano conocedora, siempre infunde claridad”; y con esta frase abordo mi segundo y último tema, porque ya llegar hasta acá, mi querido lector, es más que un triunfo.

¿Por qué después de decir algo como lo que dije arriba, no extiendo una explicación, no entro en un debate conmigo mismo o simplemente trato de convencerte con más fundamento?

La respuesta es tan simple que contestarla seria pecar de crédulo, creyendo que alguien que leyó hasta aquí no puede entenderlo. Nada de lo que se escribe es por simple casualidad, nada que existe lo hace por pura casualidad, desterrando esta palabra, es cuando los prejuicios se dejan de lado, es cuando se lee buscando el verdadero significado.

El hecho que leas esto, ¿crees que tenga que ver con aquella palabra que ya desterré?

Con esto me despido, un éxito haber logrado que me leas.

Un placer,

Cedric.

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