viernes, 11 de noviembre de 2011

Hola… Hola. ¡Hola!

Fernando Schweitzer, Buenos Aires - Actor No-TELEFEsino, Director Teatral, Cantante, Escritor y Periodista

¿Cuántas veces un “hola” puede ser escuchado sin ser escuchado? Eso depende de la cantidad de ruidos molestos, gente des-respetuosa haya en un ambiente, también claro, de la paciencia de aquél que pretende hablar mediante una manga de… eso justamente que pensaste en ese momento.

Esa falta es una constante en muchas clases de aula en la actualidad, en las calles, en las villas, en los countrys, en las torres de lujo de Puerto Madero, y obviamente en las personas que no escuchan nada más que sus egos. Algunos se preguntarían lo que pasa con la gente, otros fueron hechos para seguir un molde y nunca cuestionar, mucho menos cuestionarse. ¿Para qué preguntas? si ese uno, o estos varios ya tienen listas sus propias respuestas. Indubitables, incontestables, mismo que incoherentes.

Quisiera ahora tornarme uno de estos egocéntricos, así quizás consiguiera escuchar mis propios pensamientos. ¡No! ¿Para que pensar? No hace falta. ¿Para que tener consideración por el prójimo? Puéis presumiese que si no sois un obsoleto verdugo de estos almas perdidas en la mediocridad de sus íntimos relatados a los gritos entre risas histriónicas y frases ralladas como vinilo de 78 rotaciones, al rezar para que por obra divina si tornen mudos por más de 30 segundos u ojala para siempre, serías de veras un homínido relleno de maldad sin precedentes.

¿El hecho que he presenciado en un aula de la Universidad Argentina de la Empresa representaría la desvaloración de la educación, del ser humano como tal? ¿O simplemente es ocasionada por la falta de ética de la juventud actual? ¿Un pedido de silencio y atención de un profesor para con sus alumnos puede perdurar por más de un mes?

Bien… Por fin el momento tan esperado por un cuatrimestre llegó. 15 segundos de embarazoso silencio. Mientras el profesor miraba sus alumnitos mudo, el suceso milagroso aconteció. Tanto mareo, tanta aguja, tanto boludeo, tanta… Eso… Eso mismo que estáis ahorita a pensar. Exactamente con las tuyas palabras. Esa tormenta eterna tuvo fin.

Mientras el maestro se quedó mudo, sin tener lo qué y ni de qué, habló sin palabras. Su fatigo, cansancio y enojo, traspasaban por su mirada. Esto momento tan sublime adónde quizás algunos aprendieron más que en el cuatrimestre entero, fue cortado… Ese suceso estupendo fue roto por una alumna que ha llevados un tipo que no era alumno, justo cuando se apercibió que estaba en un aula equivocada. Quizás más gente debería tener seguido a ellos. Eses que me hicieron tardar 12 minutos para concentrarme en ese texto, por tanto hablar, por seguiren su afán egocéntrico de a nadie más que a si mismo escuchar.

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